¿Tampoco encuentras el momento de hacer backup?

Menos del 5% de los usuarios de Windows hacen backup de sus ordenadores personales. Siendo tan relevante el contenido que guardamos, ¿Por qué la gente no lo hace? ¿Es que somos vagos? Las herramientas tradicionales de backup son todo menos fáciles de usar, esta es la razón.

Utilizan términos complejos como filetype, shadow-copy, incremental, diferencial, sincronización, mirroring, augmentation o backup set. Los manuales tienen 100 páginas.

Pero, sobre todo, es que piden al usuario que tome decisiones relevantes y difíciles como por ejemplo:

Programación de horarios. Fuerzan al usuario a hacer backup en determinados momentos preestablecidos, una vez al día, cada semana o cada dos horas, por ejemplo, y esto genera rechazo:

  1. Hace responsable al usuario de decidir la frecuencia
  2. El ordenador tiene que estar encendido en esos momentos
  3. Los usuarios cierran las aplicaciones cuando terminan su trabajo, y lo último que quieren hacer es arrancar el backup en ese momento

Seleccionar ficheros y carpetas. Tienen que seleccionar lo que consideran importante, porque solamente se protegerá lo seleccionado. Pero un disco típico de Windows tiene más de 200.000 ficheros, así que esta selección no es nada fácil de hacer.

Además, hay muchos ficheros que está ubicados en carpetas que un usuario normal no conoce, y no quiere dedicar el tiempo a averiguar en cuál están sus cosas.  Incluso hay aplicaciones que esconden los ficheros para dificultar su acceso. ¿Quién sabe dónde están los bitcoins, los passwords guardados por Chrome, los favoritos o los certificados digitales?

Pero no solo esto, es que después de hacer esta selección, se supone que el usuario es disciplinado y guarda las cosas exclusivamente en las carpetas protegidas, y se acuerda de añadir las nuevas carpetas a la lista.

Hay quien dice que mucha información se podría recuperar de otras fuentes, de correos electrónicos, la música y las películas, las aplicaciones…, y es verdad, pero también hay que considerar cuánto tiempo y energía, incluso dinero, puede exigir recuperarlo de estas fuentes.

Selección automática de ficheros. Para salvar los obstáculos anteriores, algunas herramientas ofrecen un asistente tipo wizard, que inicialmente suena práctico. Pero, ¿cómo puede una herramienta general saber lo que es importante para cada usuario? Incluso, ¿cómo puede saber lo que será importante en el futuro? O, ¿cada cuánto tiempo evalúa lo que haya podido convertirse en importante? Es obvio que esta simplificación aparenta facilitar el trabajo al usuario, pero el precio a pagar por usarla es disminuir la probabilidad de recuperar cosas en el futuro.

Ficheros abiertos. Las aplicaciones normalmente bloquean los ficheros que utilizan, para evitar que otros procesos los toquen. Esto hace que las herramientas tradicionales tengan muy difícil proteger ficheros que están en uso. De esta manera, o el usuario para de trabajar para que el backup sea completo, o utilizan trucos como “shadow-copy” que consumen muchos recursos del ordenador, además de producir muchos problemas tal como se puede leer en Internet. En algunos casos, simplemente no consideran los ficheros abiertos, como les pasa a los dropbox o google-drives que todos tenemos.

Ficheros grandes y de frecuente modificación. Casi todas las herramientas de backup alertan acerca de los ficheros grandes, porque gestionarlos exige mucho tiempo, además de espacio. Los límites que imponen, aun siendo altos, implican que el usuario se haga responsable de no sobrepasarlos.

Y en relación a las bases de datos o ficheros de aplicaciones de gestión, al estar siendo modificados a cada momento, impiden o dificultan enormemente el trabajo de las herramientas tradicionales. El resultado es que suelen recomendar hacer backup de ellos una vez que el usuario termina de trabajar.

Hoy en día, una herramienta de preservación de información debería ser tan fácil de usar y tan intuitiva como cualquiera de las demás aplicaciones que utilizamos. Tan fáciles que cualquiera de nuestros hijos pudiese configurarla y usarla, evitando todos los tecnicismos, extrañas decisiones, y programaciones horarias.

Seamos vagos, y que los ordenadores hagan el trabajo de proteger la información que contienen, si que tengamos nosotros que intervenir.  Tranquilidad de espíritu sí, pero no a cualquier precio.

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